Cuando se trata de reciclaje, la primera palabra que se nos viene a la cabeza es aluminio. La capacidad de reciclaje es uno de los principales atributos del metal y refuerza la vocación de su industria para la sostenibilidad en términos económicos, sociales y ambientales. El aluminio se puede reciclar infinitas veces sin perder sus características en el proceso de reaprovechamiento, al contrario de lo que sucede con otros materiales.

El aluminio se puede reciclar tanto a partir de chatarra generada por productos cuya vida útil se ha agotado, como de sobras del proceso productivo. Utensilios domésticos, latas de bebidas, carpintería de aluminio, componentes automovilísticos, entre otros, se pueden fundir y utilizar nuevamente para la fabricación de nuevos productos. Por su valor de mercado, la chatarra de aluminio permite la generación de ingresos a millares de familias brasileñas que trabajan en actividades que incluyen desde la recolección hasta la transformación final de la chatarra.

El reciclaje del aluminio representa una combinación única de ventajas: economiza recursos naturales, energía eléctrica (en el proceso se consume apenas el 5% de la energía necesaria para la producción del aluminio primario), además de ofrecer ganancias sociales y económicas.

De tal forma, con el reciclaje del aluminio se benefician el país, los ciudadanos y el medioambiente.



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